lunes, 10 de noviembre de 2014

UNA LUZ DE ESPERANZA PARA LA TORTUGA CAREY EN EL PACIFICO COLOMBIANO.

Infografia www.barrameda.com.ar


UNA LUZ DE ESPERANZA PARA LA TORTUGA CAREY EN EL PACIFICO COLOMBIANO.
ECO-HOTEL KIPARA NATURALEZA PURA.

En el parque Utría, científicos hallan población sana de este reptil marino, en peligro de extinción.
Hace seis años se pensaba que la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) se había extinguido de la costa pacífica latinoamericana. No era una hipótesis ligera. Como todas las especies de tortugas marinas, las carey han soportado durante décadas graves atentados.

Se han comido sus huevos, han contaminado con plásticos y aguas residuales el mar donde viven y las han cazado para usar sus caparazones en la fabricación de accesorios, lo que redujo en más de un 90 por ciento su población.

No ha sido fácil encontrarlas desde hace años. Ver incluso una siempre se consideró asombroso. Hasta ahora. Porque, en un hecho inusual, científicos colombianos y extranjeros descubrieron un albergue natural, donde ellas encontraron un sitio para protegerse.

Este refugio marino está en el parque nacional Utría, zona protegida situada entre Nuquí y Bahía Solano (Chocó), que lo aísla, al menos, de la captura incidental causada por la pesca. Es un arrecife coralino conocido como La Aguada, o El Riscal de la Chola.

Buscando otros lugares con mayor presencia de careyes viajaron a Utría, confiados en su experiencia, pero también nutridos con una buena dosis de instinto. “Yo había visto una carey en el arrecife de la Chola hace unos 30 años y estuve convencido de que este era un sitio importante para ellas; ahora lo podemos asegurar”, afirmó Amorocho.

Durante los dos días de exploración en el arrecife, en jornadas hechas a finales de septiembre y en las que también participaron integrantes de la Asociación Caguama, un colectivo comunitario del corregimiento de El Valle (Bahía Solano), se observaron once tortugas, de las cuales ocho fueron capturadas a mano.

Se les tomaron datos corporales, fueron marcadas con placas metálicas en las aletas delanteras y devueltas al mar. A dos se les instalaron transmisores satelitales para hacerles seguimiento por internet.

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